La inteligencia artificial acelera, las startups van a contrarreloj y los equipos necesitan algo más que herramientas. En este episodio de Jugando en Serio, María Pardo, periodista, emprendedora y directora de ventas en TrustCloud, cuenta qué significa humanizar la tecnología y qué aprendió fundando y vendiendo dos startups en plena revolución digital.
De detectar tendencias a fundar dos startups
Pardo viene de las revistas (fue subdirectora de GQ y directora de Marie Claire), pero siempre con un pie en la innovación. Emprendió haciendo de la necesidad virtud y aplicando lo que mejor sabe hacer una periodista de estilo de vida: detectar tendencias. En 2020, con dos socias, vio que en el deporte femenino «no había nada» y creó Women's Sport Institute, que acabó comprando un grupo editorial.
En paralelo nació We Humans: avatares de IA para que cualquier empresa, por pequeña que fuera, pudiera ofrecer una atención al cliente buena y barata que no fuera un chatbot. La compró un gran grupo de contact centers, y pasó de ser una startup de diez o doce personas a formar parte de una estructura de 10.000 empleados.
Qué significa humanizar la tecnología
La premisa de We Humans resume su visión: si estamos condenados a hablar con una máquina, que sea la máquina la que haga el esfuerzo por comunicarse con nosotros y ser más amable. Para Pardo, humanizar la tecnología es que no mande ni nos subyugue. Bien usada, eleva tu potencial «a la enésima potencia».
La tecnología siempre tiene que ser un apoyo, tiene que sumar, pero no tiene que eclipsar ni secuestrar el talento individual. Es imparable, hay que abrazarla y trabajar con ella, pero cuando tenga un sentido y cuando aporte.
Storytelling: lo que la tecnología (aún) no hace
Con tanta oferta, superados los mínimos de precio, calidad u honradez, pasas de mil opciones a diez y luego a cinco. ¿Qué te hace firmar con una empresa y no con otra? Según Pardo, la persona que está detrás: su relato, lo que aporta, lo que te encaja. Ese storytelling es el valor diferencial de una marca y, al menos de momento, es justo lo que la tecnología no hace.
También cree en las experiencias gamificadas. Recuerda la presentación de un reloj sumergible en Madrid: cerraron un vagón de metro, montaron una especie de gincana con un cantante de ópera y todo acabó en una fiesta en una estación fantasma. Veinte años después lo recuerda mucho mejor que cualquier nota de prensa con foto.
Metodología y detalles: personalizar sin perder eficiencia
Para personalizar sin perder eficiencia, Pardo defiende crear metodologías para todo: aburre al principio, pero luego se integra en el día a día. Hay que pensar el ciclo completo, de la idea a la preventa, la venta y la posventa, y ponerse en la piel del cliente, como un mystery shopper: ¿dónde fallo?, ¿por qué he tardado siete días en contestar?
Y cuidar los detalles, porque ahí está la diferencia: cómo comunicas, cómo recibes, cómo presentas una propuesta. Incluso recomienda escribir una especie de manifiesto de lo que quieres ser, al que volver cuando el día a día te coma.
Tú quieres vender A, pero el mercado te compra B. Bueno, pues vale, que te compre B, pero por lo menos tú tenías un plan. Lo que no es negociable es lanzarte ahí, como dicen ahora, orgánicamente, a ver qué pasa.
Emprender a la velocidad de la IA, y sin miedo
La tecnología no espera a nadie: en We Humans había que replantear cada semana la inteligencia de los avatares. Si la abrazas demasiado pronto, puede no llevarte a nada; si llegas tarde, otros te habrán adelantado. Por eso insiste en cerrar versiones: lanzar un producto mínimo viable, venderlo y mejorarlo cien veces después.
Del éxito habla sin filtros: vender una startup puede dejar un sabor agridulce y, a veces, te quedas sin trabajo. Su reto hoy es sostener todos sus proyectos sin penalizar su salud ni su vida privada. Y el consejo que se daría al empezar: no tener miedo, porque emprender es más fácil de lo que crees.




