Montar una empresa desde cero es duro; hacerla crecer hasta venderla, todavía más. En este episodio de Jugando en Serio, Andrés Tallos, emprendedor con pasado en consultoría estratégica y cofundador de un estudio de videojuegos que acabó vendiendo, comparte lo que ha aprendido sobre liderazgo, cultura e incentivos, y por qué dirigir una empresa se parece a mantener vivo un videojuego.
Cómo escalar una startup sin quedarse en tierra de nadie
Tallos entró en la industria casi por accidente, estando en Japón. De su etapa como fundador se lleva dos lecciones. La primera: empezar desde cero es muy duro en cualquier sector. Hay un largo periodo de trabajo e incertidumbre sin garantías, y todo (financiación, producto, tracción con clientes) tarda más de lo previsto.
La segunda le sorprendió: además del fracaso y del gran éxito, existe un escenario intermedio en el que el negocio es rentable y crece, pero no a la escala esperada. Tallos reconoce que fueron conservadores y que le queda la espina de no haber sido más agresivos. Vender la empresa fue, en parte, la salida: seguir dirigiéndola con más capacidad financiera y de marketing.
Existe un tercer escenario, que es que te quedes en tierra de nadie, donde a lo mejor el negocio no está creciendo tan deprisa o no tiene todavía la escala que esperabas, pero al mismo tiempo no es un fracaso.
Liderar en la incertidumbre: transparencia y calma
¿Cómo se mantiene motivado a un equipo cuando ni el fundador sabe si la cosa va a despegar? Tallos combina transparencia, tanto si las cosas van bien como si van regular, con la calma de transmitir que hay un plan. A menudo, explica, el problema no es la situación de la empresa, sino que los líderes nerviosos contagian ese nerviosismo a los empleados.
En su caso ayudó una cultura centrada en hacer un producto del que sentirse orgullosos, más que en el retorno financiero o en figurar individualmente. La mejor prueba de haberlo logrado: ver que los jugadores seguían volviendo.
La cultura no se cuelga en la pared
Si tuviera que dar un consejo para escalar una empresa, Tallos elegiría la cultura y los valores. Suena etéreo, pero influye en cada decisión: a quién contratas, a quién promocionas, cómo das feedback. A partir de 8 o 10 personas, el fundador pasa cada vez menos tiempo con cada incorporación y depende de que los veteranos transmitan «cómo se trabaja aquí». De ahí la importancia de ser consistente: así quien llega se sube rápido al tren en marcha.
Lo que sí se subestima, según él, es lo difícil que es cambiar una cultura: no basta con escribirla y colgarla en la pared. Aquí trae una lección de los juegos como servicio: diseñas el mundo y las reglas, pero los jugadores hacen cosas que jamás habrías imaginado, así que toca observar y ajustar sobre la marcha. Con la cultura pasa igual: es un trabajo constante, no un ejercicio puntual.
Cuidado con lo que incentivas
Muchas iniciativas de gamificación usan mecánicas de juego como rankings, logros o premios. Tallos recuerda que en los juegos la motivación a menudo surge sola: pon un ranking y mucha gente competirá por estar arriba sin recompensa alguna, solo por estatus, aunque sea entre los primeros de su clan.
El riesgo: cuando empiezas a medir e incentivar un comportamiento, a menudo sacrificas otros que surgían solos. Si te pasas premiando el desempeño individual, la gente puede dejar de ayudar a sus compañeros. En los free to play pasa a menudo: si los niveles fáciles dan más recursos por minuto, los jugadores acaban eligiendo entre aburrirse o sentir que pierden el tiempo. La receta vuelve a ser diseñar, observar y corregir.
Para algo que no requiera pensar, una buena recompensa. Si quieres algo que requiera pensar y lleve más tiempo, una buena historia.
El futuro: IA y experiencias a medida
La industria del videojuego cambia muy deprisa. Tallos pone un ejemplo: los minijuegos de los anuncios, que al principio no tenían nada que ver con el juego promocionado, han acabado incorporados al propio producto.
No se atreve a predecir cómo serán los juegos dentro de diez años, pero cree que la IA traerá experiencias más personalizadas y que lo esencial seguirá ahí: sentirte protagonista y vivir historias únicas. ¿La mecánica de juego que aplicaría mañana en una empresa? La competición entre equipos.




