La inteligencia artificial ya está en los ATS, en LinkedIn y en los filtros que deciden qué candidatos llegan a una entrevista. En este episodio de Jugando en Serio, Antonio Robles García, experto en estrategia de personas e IA aplicada a recursos humanos, profesor universitario y director de máster, explica cómo integrarla en la selección sin deshumanizar los procesos y por qué el juego muestra lo que una entrevista esconde.
La IA como copiloto de recursos humanos
Para Robles, personas y tecnología han ido siempre juntas; lo importante es cómo la usamos a nuestro favor. Por eso le parece acertado el nombre que Microsoft eligió para su asistente, Copilot: la IA debe descargarnos del trabajo administrativo y repetitivo para dedicar tiempo a lo creativo, lo humano y lo empático.
En su tesis doctoral estudia cómo nos adaptamos a esta revolución tecnológica y plantea que las empresas tendrán que gestionar una nueva diversidad: la convivencia con otro tipo de inteligencia. La gente tiene miedo, pero sabe que no hay vuelta atrás.
Jugar para ver lo que una entrevista esconde
En una entrevista, el candidato dice lo que sabe que quieres escuchar; jugando, no sabe qué esperas. Según Robles, el 80 % del aprendizaje se produce entre los 0 y los 18 años, una etapa en la que estamos siempre jugando. Un dilema sencillo, como decidir si das una pócima que salva a un enfermo, ya indica si alguien está más orientado a los objetivos o a la calidad y el orden.
Su anécdota más clara viene de un reclutamiento masivo con juegos de rol en vivo: grupos de 20 personas en una sala a oscuras, con zombis, intentando salvar a la humanidad. Solo había una regla: no golpear a los zombis en la cabeza. Una candidata brillante en las pruebas previas la rompió tres veces, y en el feedback admitió que no sabía comportarse en situaciones de estrés.
Ese comportamiento yo en una entrevista no lo hubiera visto, solo lo puedo ver ahí. Ves bloqueos, ves cosas que en otras circunstancias nunca vas a ver.
Por qué el juego cuesta más en formación que en selección
Robles resume su método en «selección: juego»: lo que el candidato sabe se valida por teléfono; su comportamiento, jugando. En selección nunca le han cuestionado el método, pero en formación sí: muchas empresas prefieren «un curso con su contenido». Cuanto más tangible es la habilidad, mejor se acepta; con soft skills como el liderazgo cuesta más, aunque la resistencia baja a medida que la tecnología se abarata.
En la universidad aplica la misma lógica: si cualquiera tiene toda la información en el móvil, lo que hay que aprender es espíritu crítico para saber si ese contenido es válido, y eso solo se aprende haciendo.
La IA filtra, pero decides tú
Robles no dejaría que un algoritmo eligiera a su compañero de piso, y tampoco a sus candidatos. Lo que pide a la IA es que le diga con qué cinco personas sentarse. Si cumplen los conocimientos del puesto, llega la pregunta decisiva.
La ventaja es de energía: si la IA hace el primer filtro, llegas descansado a la entrevista y te equivocas menos. También puede redactar el informe a partir de la transcripción o, con IA predictiva, buscar en los candidatos los patrones de tus mejores profesionales. Pero con los diez que mejor encajen se sienta una persona.
Si te tomarías después un café con él, es tu candidato; si no, no, porque si entra en tu organización te vas a tener que tomar muchos cafés con él. Saber si te quieres tomar el café con él o no, no lo hace una inteligencia artificial.
Sesgos: la IA es rápida y obediente, no neutral
La IA son matemáticas que han aprendido de datos humanos, y esos datos llevan sesgos: según de dónde beba, puede seleccionar más hombres o más mujeres. Hay herramientas para ponerle barreras, pero es un trabajo de ingeniería que recursos humanos tiene que asumir. Lo que aporta la máquina es rapidez y obediencia, como el becario que antes puntuaba currículums en papel.
Robles no se atreve a predecir qué pasará en seis meses, pero tiene claro que quien no se suba al barco se queda fuera. Los ATS y LinkedIn ya incorporan IA: la clave es gestionarla bien y no olvidar que la última decisión es tuya.




