¿Y si el estilo que te llevó a la cima es justo el que ahora aleja a tu equipo? En este episodio de Jugando en Serio, Eva Díaz, ejecutiva con más de 25 años en comités de dirección, explica por qué el ordeno y mando ha dejado de funcionar y cómo el liderazgo auténtico convierte la obediencia en lealtad.

Liderazgo auténtico: la reunión en la que nadie obedeció

Año y medio después de su transición de género, Díaz entró como directora general de una tecnológica sumida en el caos típico de una startup. Venía de la gran consultoría, de pirámides y jerarquía, e hizo lo de siempre: observar tres semanas, reunir a todos y marcar el rumbo. Nadie le hizo caso.

Por pura intuición, hizo algo nuevo para ella: escuchar. Se sentó con el equipo, contó quién era y ellos compartieron sus historias. Dos meses después volvió a reunirlos: o generamos negocio o cerramos en tres meses. Llegaron a la misma conclusión que ella, pero esta vez la solución era suya. El equipo le había otorgado el liderazgo: ya no eran obedientes, eran leales.

Cuando realmente escuchas a la gente, cuando dejas que te entiendan y te comprendan como persona, no como directiva, se genera una magia especial, porque empiezan a creer en ti. Y si luego eres coherente y constante, se genera lealtad.

Eva Díaz

Lo que no se ve desde arriba

¿Por qué no la escucharon la primera vez? Según ella, por ser mujer, por ser consultora entre tecnólogos y por llegar de fuera, en ese orden. Esa brecha se ve también en las encuestas de cultura de igualdad que hace hoy en empresas: según Díaz, los hombres perciben la cultura de su compañía entre 20 y 30 puntos más optimista que las mujeres.

Por qué el liderazgo jerárquico ya no funciona

Para Díaz, el mejor liderazgo no es el femenino ni el masculino, sino el que lleva a su organización al éxito, como el entrenador que gana la liga. La jerarquía tenía sentido en los 80 y los 90, cuando dirigir era controlar costes con operaciones estables en un mercado conocido: eso exigía obediencia.

Hoy la operación la hace la tecnología y el mercado cambia a toda velocidad. En ese mundo, lo único importante es el talento, y el de las nuevas generaciones no se mueve por disciplina ni por jerarquía. No es una moda, insiste, sino un imperativo de negocio: el talento que se va es el que sabe qué hacer con la inteligencia artificial, y no va a obedecer, va a seguir.

Qué piden de verdad las nuevas generaciones

Según Díaz, las nuevas generaciones quieren que las inspires, un trabajo con propósito y respeto a sus valores: no les importa trabajar 12 horas si saben para qué. A los directivos que las tachan de vagas o de cristal les recuerda quiénes salieron primero a ayudar en la dana: los jóvenes.

La responsabilidad, para ella, es de los directivos, que no escuchan honestamente, y no vale delegarlo en RR. HH. ni en consultores. Lo que piden los jóvenes es sencillo: saber para qué hacen lo que hacen y libertad para hacerlo, respeto a sus valores y líderes que guíen en lugar de mandar. Eso sí, Díaz rechaza que se etiquete a todo líder como tóxico, y tampoco cree en el talento sin esfuerzo.

La vulnerabilidad como fortaleza del líder

La gran barrera es el miedo al fallo: el líder está acostumbrado a no poder equivocarse. Pero su fortaleza ya no está en saber más que nadie, sino en saber liderar y en que la gente crea en él como persona. Díaz lo vivió: cuando su transición se hizo pública, lo que parecía su debilidad la hizo muy fuerte, porque ya no había nada con lo que atacarla.

¿Por dónde empezar? Busca a otro líder en quien confíes y habla con él desde el corazón, también de lo que no va bien. Para liderar desde la autenticidad, primero hay que cuidar a la persona que hay detrás de la careta.

Cuando el líder es capaz de decir «de esto no sé, explícamelo», adquiere una fortaleza brutal con los equipos. Pero para eso se tiene que conocer mucho, encontrar su esencia y saber cuáles son sus fortalezas como persona.

Eva Díaz

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