Para muchos empresarios, la generación Z no quiere trabajar, no aguanta y se va sin que la echen. En este episodio de Jugando en Serio, Silvia Moreno, experta en bienestar organizacional y transformación cultural, desmonta ese mito y explica qué necesita la generación Z en el trabajo para quedarse: propósito, coherencia y una cultura sana.
Trabajar no debería doler
Moreno viene del bienestar organizacional y quiere convertir empresas donde duele trabajar en empresas donde la gente se siente parte y disfruta. Otras generaciones aprendieron a aguantar: «el trabajo es trabajo», «aquí no se viene a hacer amigos». Pero el trabajo son personas, que llegan con sus vivencias y pasan allí más horas que con su familia.
Además, es medible: la gente feliz rinde mejor y consigue mejores resultados. Hoy conviven tres y cuatro generaciones en la misma empresa, y para Moreno la lucha por el bienestar que abandera la generación Z hay que abrazarla entre todos, porque es un bien común.
El propósito, lo que de verdad mueve a la generación Z
Si otras generaciones se definían por su banda salarial, la generación Z, con lo básico cubierto (acceso a la vivienda, educación de calidad), se mueve por propósito: haga lo que haga, quiere saber para qué. Busca un trabajo que la alimente y al que aportar, compañeros con los que conectar y coherencia.
El mito de que no se compromete no se sostiene: basta ver cómo se ha movilizado en protestas en distintos países o cómo miles de jóvenes se remangaron tras la DANA. Si hay un para qué, trabajan como el que más. Y, como nativos digitales, se implican en causas sociales y medioambientales porque saben que es el mundo que van a heredar.
Moreno lo vio liderando un equipo: a las seis, los más jóvenes se despedían con naturalidad mientras los demás alargaban. Acabaron riéndose: «Nos están pasando por la izquierda».
Un onboarding que acompaña, no un PDF eterno
Todavía hay bienvenidas que se reducen a recoger el portátil y sentarse. Si la generación Z necesita un para qué, es lo primero que hay que darle. Cuando Moreno lideraba equipos, preguntaba a cada recién llegado cómo podía ayudarle: quien llega trae dudas, miedos y quizá una mala experiencia anterior.
También sobran los PDF de 200 páginas de compliance: nadie se los va a leer. Una generación con la información en la palma de la mano aprende lo que le interesa, en formatos que enganchan: «hazme un vídeo, gamifícamelo». Y eso también es employer branding: el mejor marketing es que quien trabaja o ha trabajado allí hable bien de la empresa.
Haz a esa persona sentirse cómoda en tu onboarding. Dale un propósito, dale un para qué. Incluso puedes acompañarle con una figura de mentoring, alguien que sea igual: ni jefe, ni senior, alguien que haya pasado por donde esa persona está pasando ahora.
Feedback continuo y despidos que no sean una traición
A la mayoría, reconoce Moreno, le sale mucho más rápido decir lo malo que lo bueno. Y el feedback llega tarde: si ves algo mejorable, no esperes ocho meses a la evaluación de desempeño ni despidas directamente. Siéntate y di: «He visto esto, ¿le damos una vuelta juntos?». Enterarse de por qué te echan en el mismo despido es, para la generación Z, una traición: las relaciones laborales son relaciones.
Y si hay que desvincular a alguien, que no sea «el marrón» de RR. HH.: el manager, que está en su día a día, debe hacerlo con respeto y cercanía. Algunas empresas incluso ayudan a abrir otras puertas: no es lo mismo «lo despides» que «aquí estoy».
Cultura o fuga de talento: el aviso para los CEO
Cuando la rotación se dispara, es fácil culpar a los «chavalitos». Pero la generación Z busca propósito y cultura, y siente que la empresa la representa: Moreno cuenta cómo una amiga se tomó como algo personal que su empresa descartara a una candidata por estar embarazada. Si los jóvenes no quieren entrar, la plantilla envejece y, entre quienes se van y quienes se jubilan, en siete o diez años tu empresa no tiene futuro.
¿Cómo convencer a un directivo de perfil duro? Con datos y dinero: los equipos felices producen más, y eso se nota en los resultados económicos. Su consejo para esta semana: siéntate con alguien de tu equipo y pregúntale cómo está, en qué puedes ayudarle y qué necesita para sacar todo su potencial.
La herramienta palanca definitiva es la comunicación: sentarnos y escuchar, más casi que comunicar. Escuchar a la persona que tienes al lado te va a dar la llave de todo.




