Casi todas las empresas tienen su día del voluntariado, pero no todas saben para qué. En este episodio de Jugando en Serio, Carlos Palacios, que dirigió el voluntariado corporativo de Telefónica (más de 59.000 voluntarios en 31 países) y hoy lidera el área de personas de Cáritas Madrid, explica cómo convertirlo en una herramienta de RR. HH.
La primera pregunta: ¿para qué quieres un voluntariado corporativo?
Para Palacios, cualquier empresa, pequeña o multinacional, debe empezar por ahí. El voluntariado puede sostener la estrategia de responsabilidad corporativa, con más credibilidad si se implican tus propios empleados. Pero también puede ser una potente herramienta de RR. HH., apoyada en tres pilares.
El engagement: para él ya es un factor higiénico, y lo raro es que una empresa no lo impulse. Los valores: demuestra tu impacto social y cala en clientes y empleados. Y el desarrollo de competencias difíciles de trabajar de otra forma. Por eso RR. HH. debe ser protagonista junto a RSC: gestiona la motivación, la comunicación y la implicación de las personas.
¿Foto o impacto? Elige el modelo de programa
El diseño depende del objetivo. Palacios pone dos ejemplos. Una dirección quería fotos y orgullo, «casi marketing interno, pero con impacto social»: se montó una semana de acciones con niños y recogida de alimentos, con familias, sencilla y capaz de movilizar a mucha gente. Su impacto es sobre todo de sensibilización, algo que las entidades sociales también valoran.
Otra quería demostrar que la tecnología tiene impacto real en las personas: diez voluntarios formaron en inteligencia artificial a personas con discapacidad cerebral severa, unas 20 horas al mes, y construyeron de paso un caso de negocio. «Ganaban absolutamente todos». Y nada de medir por horas: un buen programa da cabida desde a quien comparte una campaña de donaciones hasta a quien acaba montando una asociación.
Si quieres ver impacto, haz un voluntariado muy pegado a lo técnico, a las habilidades y competencias técnicas de las personas, siempre liderado por los propios empleados y en grupitos pequeñitos.
Una plataforma para entrenar lo que no se entrena en un aula
El voluntariado corporativo ha pasado de moda a profesionalizarse, en buena parte gracias a RR. HH. Según Palacios, algunas empresas han medido hasta ocho puntos más de clima laboral entre quienes hacen voluntariado: es retribución emocional. Y genera orgullo de pertenencia con una actividad no competitiva, lo que influye en cuánto se queda la gente.
Además, es una gran plataforma formativa. ¿Qué curso desarrolla la empatía? Tratar con alguien muy distinto a ti por contexto socioeconómico, cultural o físico la pone a prueba de forma natural. Lo mismo la creatividad, al pensar un proyecto sin negocio ni KPI detrás, o el liderazgo: Palacios cita a un ingeniero que coordina un grupo de voluntariado técnico en Cáritas y que negocia, influye y mantiene la ilusión de gente que no cobra por ello. Sin riesgo y sin sentirse observado.
Del employer branding a la retención de talento joven
Lo que una empresa hace por la sociedad antes servía para atraer talento; hoy, dice Palacios, el voluntariado es sobre todo retención. Para quienes tienen entre 17 y 35 años, aportar a la sociedad forma parte de sus valores, y quieren ver adónde va su ayuda: ya no les vale el anuncio del pozo en África. Para captar talento, es imprescindible.
Colegios y universidades ya lo incorporan: en algunas es obligatorio o convalida asignaturas. Y cuando la IA da acceso inmediato al conocimiento, marcan la diferencia las competencias, los valores y las formas de pensar. Palacios ve un paralelismo con la gamificación: igual que se gamifica una formación para enganchar, vivir una dificultad sin la presión del trabajo hace que el aprendizaje sea exponencial.
Cómo empezar: consejos para directores de RR. HH.
Convencer a RR. HH. es fácil; el reto son producción y finanzas, que ven 10 o 20 horas al año sin producir. Hay que mostrar el impacto a medio plazo en el desarrollo y la productividad. Y empezar poco a poco, sin ser «un talibán»: acciones en fin de semana abiertas a las familias, voluntariados sin desgaste intelectual para quien programa todo el día y un grupito de early adopters que convenza a los demás.
También cabe la creatividad: en pandemia, su equipo gamificó una acción de sensibilización en la que se ganaban puntos por hacer cosas buenas, como un donativo o llevar la compra a un vecino. Palacios no creía nada en ella, pero funcionó y acabó con un premio de Naciones Unidas.
Tenemos que dar a nuestros empleados una oportunidad de que conozcan otras realidades que les van a hacer mejores personas. Y cuando eres mejor persona, en un 99,9 % eres mejor trabajador.




