En este artículo
  1. Qué es la taxonomía de Bloom
  2. Taxonomía de Bloom original y revisada
  3. Los seis niveles de la taxonomía de Bloom, con verbos y ejemplos
  4. Los tres dominios: cognitivo, afectivo y psicomotor
  5. Cómo aplicar la taxonomía de Bloom en formación corporativa
  6. 1. Redacta objetivos con verbos observables
  7. 2. Evita los verbos vagos
  8. 3. Alinea la evaluación con el nivel del objetivo
  9. 4. Diseña recorridos que suban de nivel
  10. El error más habitual: quedarse en los niveles bajos
  11. Taxonomía de Bloom y evaluación de la formación
  12. Ejemplo práctico: un curso de atención al cliente
  13. Preguntas frecuentes

La taxonomía de Bloom es uno de los marcos más citados en diseño formativo, pero en muchas empresas se queda en la pizarra del departamento de formación. Se menciona al redactar objetivos, se ilustra con una pirámide y se olvida cuando llega el momento de decidir cómo se enseña y cómo se evalúa. El resultado es un patrón habitual: cursos que trabajan casi exclusivamente los niveles más bajos, con presentaciones y test de memoria, y que luego se sorprenden de que el equipo no aplique lo aprendido.

En esta guía te explicamos qué es la taxonomía de Bloom, cuáles son sus seis niveles, qué verbos usar en cada uno y cómo llevarla a la formación corporativa con ejemplos concretos.

Qué es la taxonomía de Bloom

La taxonomía de Bloom es una clasificación de los objetivos de aprendizaje según su complejidad cognitiva. Fue publicada en 1956 por un grupo de investigadores coordinado por el psicólogo educativo Benjamin Bloom en el libro Taxonomy of Educational Objectives. Su idea central es que no todo aprendizaje exige el mismo esfuerzo mental: recordar un dato es distinto de analizar un problema, y diseñar un plan es distinto de explicar un concepto.

Suele representarse como la pirámide de Bloom, con las tareas más simples en la base y las más complejas en la cima. Esa imagen es una representación posterior a la publicación original, pero resume bien la idea de que cada nivel se apoya en los anteriores.

Taxonomía de Bloom original y revisada

En 2001, Lorin Anderson y David Krathwohl publicaron una versión revisada, A Taxonomy for Learning, Teaching, and Assessing, que es la más utilizada hoy. Sustituyó los sustantivos originales por verbos, para centrarse en lo que la persona hace, y colocó «crear» en el nivel más alto, por encima de «evaluar».

  • Taxonomía original (1956): conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación.
  • Taxonomía revisada (2001): recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear.

La revisión añadió además una segunda dimensión, la del tipo de conocimiento que se trabaja: fáctico, conceptual, procedimental o metacognitivo. En formación corporativa es útil porque distingue, por ejemplo, saber qué dice un procedimiento de saber ejecutarlo.

Los seis niveles de la taxonomía de Bloom, con verbos y ejemplos

Estos son los seis niveles de la versión revisada, con verbos frecuentes para redactar objetivos, un ejemplo de objetivo en una empresa y los formatos que suelen trabajarlo bien:

  • 1. Recordar. Recuperar información de la memoria. Verbos: listar, identificar, nombrar, definir, describir, reconocer, repetir, señalar. Ejemplo: enumerar los pasos del protocolo de seguridad. Formatos: microlearning, cuestionarios, tarjetas de repaso.
  • 2. Comprender. Entender el significado de lo aprendido. Verbos: explicar, resumir, clasificar, comparar, interpretar, ilustrar, parafrasear, ejemplificar. Ejemplo: explicar con palabras propias la política de protección de datos. Formatos: vídeos con preguntas, mapas conceptuales.
  • 3. Aplicar. Usar lo aprendido en una situación concreta. Verbos: usar, ejecutar, resolver, demostrar, aplicar, implementar, calcular, practicar. Ejemplo: aplicar el procedimiento de reclamaciones a un caso real. Formatos: casos prácticos, ejercicios guiados.
  • 4. Analizar. Descomponer una situación y entender cómo se relacionan sus partes. Verbos: diferenciar, examinar, relacionar, detectar, organizar, descomponer, investigar, distinguir. Ejemplo: identificar por qué se rompió una negociación. Formatos: análisis de casos, debriefing de simulaciones.
  • 5. Evaluar. Juzgar y decidir con criterios. Verbos: valorar, justificar, priorizar, decidir, criticar, argumentar, juzgar, comprobar. Ejemplo: elegir entre tres propuestas de cliente y defender la decisión. Formatos: simulaciones con decisiones y consecuencias.
  • 6. Crear. Combinar lo aprendido para producir algo nuevo. Verbos: diseñar, planificar, elaborar, proponer, construir, formular, desarrollar, idear. Ejemplo: diseñar un plan de acción para reducir la rotación del equipo. Formatos: proyectos, retos abiertos, simulaciones complejas.

Los niveles no son compartimentos estancos. Un mismo programa puede recorrer varios y, de hecho, es lo recomendable. La pregunta útil no es en qué nivel está un curso, sino si el nivel que trabaja coincide con lo que se espera que la persona haga en su puesto.

Los tres dominios: cognitivo, afectivo y psicomotor

La taxonomía original se centraba en el dominio cognitivo, que es el de los seis niveles anteriores. El grupo de Bloom publicó en 1964, con David Krathwohl como coautor principal, un segundo volumen dedicado al dominio afectivo (actitudes, valores y motivación). El dominio psicomotor, relacionado con la ejecución de habilidades físicas, fue desarrollado más tarde por otros autores. En formación corporativa, los tres importan: aprender a dar feedback, por ejemplo, combina conocimiento, actitud y práctica.

Cómo aplicar la taxonomía de Bloom en formación corporativa

1. Redacta objetivos con verbos observables

Un buen objetivo describe una conducta que se puede ver y evaluar. Una fórmula sencilla: «Al finalizar, la persona será capaz de + verbo + contenido + condición». Por ejemplo: «Al finalizar, el participante será capaz de priorizar las quejas de tres clientes con recursos limitados».

2. Evita los verbos vagos

«Conocer», «entender» o «familiarizarse con» no describen nada observable. Si un objetivo solo admite esos verbos, probablemente no está bien definido o se está quedando en el nivel de recordar.

3. Alinea la evaluación con el nivel del objetivo

Un objetivo de nivel «aplicar» no se puede evaluar con un test de opción múltiple sobre definiciones. Si el objetivo es que alguien negocie un contrato, la evaluación tiene que pedirle que negocie, aunque sea en una simulación.

4. Diseña recorridos que suban de nivel

Un itinerario típico empieza con contenidos breves para recordar y comprender, continúa con ejercicios de aplicación y termina con casos que exigen analizar y decidir. El error frecuente es detenerse en la mitad, justo donde el aprendizaje empieza a parecerse al trabajo real.

El error más habitual: quedarse en los niveles bajos

Los niveles de recordar y comprender son los más fáciles de producir y de medir, por eso tienden a dominar los catálogos de formación. Pero las competencias que más pesan en un puesto, como negociar, liderar o resolver incidencias, viven en los niveles de aplicar, analizar, evaluar y crear. Trabajarlas exige práctica con consecuencias, y ahí es donde las simulaciones y los juegos serios encajan de forma natural: el participante toma decisiones, ve el resultado y reflexiona sobre lo ocurrido.

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Taxonomía de Bloom y evaluación de la formación

La taxonomía también sirve para conectar el diseño con la medición. El modelo de Kirkpatrick evalúa la formación en cuatro niveles: reacción, aprendizaje, comportamiento y resultados. Los objetivos de Bloom ayudan a decidir qué se mide en el segundo y el tercero: si el objetivo es de nivel «aplicar», el indicador de comportamiento debe ser una acción observable en el puesto, no una puntuación en un test. Si quieres ver cómo se plantea esa medición en proyectos reales, tienes ejemplos en nuestros casos de éxito.

Ejemplo práctico: un curso de atención al cliente

Imagina una formación para gestionar reclamaciones. Con un enfoque centrado en los niveles bajos, el curso presenta el protocolo y termina con un test de diez preguntas. Con un diseño basado en Bloom, el participante primero recuerda y comprende el protocolo, luego lo aplica a tres casos sencillos, después analiza por qué un caso complejo escaló y finalmente decide cómo actuar ante una reclamación con información incompleta. La diferencia no está en la cantidad de contenido, sino en el tipo de esfuerzo que se pide.

Es el tipo de situaciones que se practican en 2100, nuestro videojuego de atención al cliente.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la taxonomía de Bloom?

Es una clasificación de los objetivos de aprendizaje según su complejidad cognitiva, publicada en 1956 por un grupo de investigadores coordinado por Benjamin Bloom. La versión revisada de 2001 organiza el aprendizaje en seis niveles: recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear.

¿Cuáles son los niveles de la taxonomía de Bloom?

Los seis niveles de la versión revisada son recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear. Van de tareas cognitivas más simples a otras más complejas, aunque un mismo programa puede trabajar varios de ellos.

¿Qué es la pirámide de Bloom?

Es la representación visual más habitual de la taxonomía: los niveles se ordenan de menor a mayor complejidad, con recordar en la base y crear en la cima. Sirve para recordar que cada nivel se apoya en los anteriores.

¿Qué verbos se usan en la taxonomía de Bloom?

Cada nivel tiene sus verbos: listar o identificar para recordar, explicar o resumir para comprender, usar o resolver para aplicar, diferenciar o examinar para analizar, valorar o decidir para evaluar, y diseñar o planificar para crear.

¿Cómo se redacta un objetivo de aprendizaje con la taxonomía de Bloom?

Con una fórmula sencilla: «Al finalizar, la persona será capaz de + verbo + contenido + condición». El verbo debe ser observable y corresponder al nivel que quieres trabajar, por ejemplo «priorizar» para un objetivo de evaluar.

¿Cuál es la diferencia entre la taxonomía de Bloom original y la revisada?

La original de 1956 usa sustantivos: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación. La versión revisada de 2001, de Anderson y Krathwohl, los sustituye por verbos para centrarse en la acción y coloca «crear» en el nivel más alto, por encima de «evaluar».

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